Recuerdo con cariño cada momento pasado, pero con mayor aprecio los momentos vivos, pues son estos los que nos regalan la alegría instantánea. Es el beso presente el que te hace vibrar y que los bellos de tus brazos sean firmes como varas… Es ese mismo el que quiero ahora, pero como no lo está conforme soy y pleno con el recuerdo del primero y el último; el primero pues me causa risa, el último porque me provoca ganas de correr a ti y en una danza perfecta del tiempo y sus bailarinas manecillas cronológicas, un destello de gloria y amor renace diciendo bienvenido a tu descanso. Las noches se vuelven reposo y el despertar glorioso con tu rostro, el que me encierra con placenteras miradas de complicidad. Vínculo que amo tener y amo amarte, amarte como el primer día y con los errores del hoy… La perfección no está en nuestro poder, el perfeccionamiento sí. Ante esto solo entregamos resultados, lentos de fallo y error (a veces horror), es ahí cuando el beso del recuerdo aparece trata de hacer placentero el reposo, pero también es ahí cuando este reposo desaparece y se convierte en el horror de no poder posar la cabeza en paz los fantasmas de lo bueno aparecen, incluyendo los errores. A veces no hay error, solo incomunicación de mentes las que nos dicen que estamos vivos y acompañados, que erramos por no hablar y por hablar mal, hablar sandeces, también verdades dolorosas. Aprendemos, pero quiero aprender mas para no errar y posar la cabeza en paz, perfecta paz del viernes que se acompaña de una mano… un pato.